Ha-Joon Chang: “La propuesta de nueva Constitución brinda un buen marco económico para llevar al país al siguiente nivel” - La Tercera (2022)

Ha Joon Chang (Seúl, Corea del Sur, 1963), uno de los economistas heterodoxos más reconocidos del mundo, sostiene que Chile está atrapado en una “jaula mental” que le impide poner en valor la importancia que ha tenido el Estado en el desarrollo de la industria de los recursos naturales. Le parece incomprensible que una sociedad que ha tenido éxito internacional en la industria salmonera, vitivinícola, cuprífera, no tenga la ambición suficiente para aventurarse en nuevas áreas, como la tecnológica. En parte, se lo achaca a la rigidez de la Constitución vigente, a la cual se refiere durante toda la entrevista como “el antiguo sistema” (old system), dándola por muerta.

El profesor de la Universidad de Cambridge, uno de los principales nombres de la carta firmada por 40 economistas extranjeros a favor de aprobar el nuevo texto constitucional, destaca por sobre todas las propuestas, la visión más holística que adquiría el Banco Central. Chang, un referente en el Frente Amplio, y quien apoyó la llegada de Gabriel Boric al poder, se declara “un poco decepcionado” de lo que ha logrado hasta ahora el Mandatario, aunque agrega que, dadas las circunstancias, lo ha hecho bien.

¿Usted se ha centrado solo en la parte económica de la propuesta constitucional o leyó todo el texto?

Miré principalmente la parte económica, pero eché un vistazo rápido a las otras cosas.

¿Las normas de la propuesta estimulan un progreso económico?

Chile, bajo el antiguo sistema ha logrado mucho. Pasó de ser un país en vías de desarrollo a ser miembro de la Ocde y ha tenido un gran éxito en la industria minera, del vino y otras. Pero el sistema se ha quedado sin fuerza. Sí, tuvieron prosperidad económica y mucha creación de empleo en los 90 y 2000, pero en la última década, cuando el crecimiento económico se ha desacelerado, la desigualdad se mantuvo muy alta y la productividad se estancó. Eso llevó a los disturbios que derivaron en la Asamblea Constituyente y la elección del señor Boric. Todo esto revela que el antiguo sistema no es apto para el proceso actual. Por supuesto, la Constitución ofrece solo un marco amplio. Así que si el país es capaz de tener un progreso económico depende de políticas más detalladas sobre el comercio potencial, la inversión y la política industrial. Pero en términos generales, creo que la propuesta brinda un buen marco económico para llevar al país al siguiente nivel.

¿Puede describir ese nuevo marco económico?

Creo que lo más importante en la propuesta es la definición del papel del Banco Central. Es muy avanzado, incluso para los estándares internacionales, ya que en la mayoría de los países solo tienen el mandato de cargar con la estabilidad económica. Que el Banco Central tenga como mandato la estabilidad financiera, considerando también el empleo y el medio ambiente, es un cambio muy importante. Además, incluye otras consideraciones sobre la crisis climática, el reconocimiento a brindar servicios esenciales, más derechos al consumidor, etcétera. Estas cosas van a ser un estímulo positivo para la economía en el nivel de desarrollo en el que está Chile. Seamos sinceros, el modelo le ha dado al país lo que podía darle. Tuvo ese gran éxito con el salmón, el vino y la uva, pero esos recursos naturales son demasiado restrictivos y su motor de crecimiento se ha quedado sin fuelle. Necesitan ingresar a nuevas industrias: baterías de litio u otras tecnologías de energía alternativa o en la electrónica como Corea del Sur.

¿Se puede comparar a Chile con Corea del Sur?

Sí, mucho, aunque los dos países empezaron con condiciones muy diferentes. Corea del Sur prácticamente no tiene ningún recurso natural. Pero ambos vivimos dictaduras militares en torno a los 70. En 1962, Chile tenía cinco veces más (dinero) en el bolsillo que Corea del Sur. Hoy, los ingresos de Corea del Sur duplican a los de Chile ¿Por qué? Porque fue capaz de reinventarse muchas veces en los años 70. Al principio, el país era sinónimo de mano de obra barata, pero en los años 80 y 90 incursionaron en el acero y los chips, y hoy es una economía basada en la alta tecnología. Creo que el marco chileno fue demasiado rígido para permitir que el país entrara en estas nuevas áreas. En términos generales, creo que la propuesta es un buen marco, en el sentido de que es lo suficientemente flexible como para permitir que se piense de manera más amplia y a largo plazo. Y, sí, eventualmente eso llevará al país al siguiente nivel en términos de desarrollo económico y social.

¿Cuál ha sido el freno económico para Chile?

Mucha gente piensa que ha seguido el modelo neoliberal de libre mercado. A grandes rasgos, sí, pero es un mito que el Estado no ha intervenido. Ha hecho muchas cosas para desarrollar la industria de recursos naturales. Organismos como Corfo o ProChile han proveído servicios de marketing, investigación, ayudado a la exportación... Los chilenos tienen que salir de esa jaula mental. Habla de un tipo grave de esquizofrenia sobre el mito de que el Estado no ayuda. Chile debería dar un paso atrás y pensar que lo han hecho bastante bien en los últimos 30 años, pero no atarse a la antigua Constitución y decir ‘está bien, de alguna manera vamos a hacer que funcione’, cuando es obvio que, posiblemente, en los últimos 10 años, el modelo no ha funcionado: la productividad no está aumentando en el sector empresarial, la exportación está estancada, no han desarrollado nuevas industrias. Ante la pregunta qué vamos a hacer, viene esta nueva Constitución. No digo que sea una solución perfecta a sus problemas, pero al menos reconoce que necesitan un marco diferente.

En la carta firmada por usted y otros 40 economistas en favor de aprobar la propuesta constitucional, afirman que el mundo tiene mucho que aprender del “ejemplar proceso de la Convención” y el “visionario texto”. ¿Qué es lo ejemplar en el proceso y qué es lo visionario?

Cuando otros países reescriben la Constitución, simplemente suelen aprobarla en el Parlamento. Ustedes eligieron representantes, una asamblea constituyente, lo debatieron, lo que es bastante inusual. Y no digo que nadie lo haya hecho, pero el proceso fue manejado democráticamente con mucha deliberación. Sobre lo visionario en el contenido, además de lo ya dicho sobre el Banco Central, está el reconocimiento claro de la importancia de los cuidados y el trabajo doméstico. Tal vez hagan eso en Escandinavia, no lo sé, pero ciertamente no en Corea, no en Reino Unido, no en Estados Unidos. También la visión sobre el cambio climático. Ese tipo de cosas visionarias no son habituales de ver en la Constitución.

¿Es factible garantizar todos los derechos que aparecen en el texto en el contexto económico actual chileno?

En primer lugar, el contexto actual del país es muy difícil. Tienen la pandemia y acumularon una gran cantidad de déficit porque si el gobierno anterior no hubiera gastado todo ese dinero extra, la sociedad se podría haber derrumbado. Ahora está la guerra en Ucrania y los precios de la energía y alimentos están subiendo. Así que sí, las circunstancias son muy difíciles, pero no puedes diseñar el marco de tu sociedad para los próximos 30 años teniendo como referencia únicamente las preocupaciones actuales. Hay que tener perspectiva. Simplemente porque muchas cosas parecen imposibles ahora no significa que lo serán dentro de 10 años. En segundo lugar, creo que esta Constitución solo proporciona un marco amplio. No promete que van a aumentar la matrícula universitaria en un X por ciento para el año Y o que reducirán el déficit presupuestario un X por ciento hacia el 2025. Lo que hace es identificar las cosas que son importantes para la sociedad en las próximas décadas. Por supuesto que no todo lo que se menciona se podrá lograr de inmediato, pero expresa la aspiración del país para la próxima generación.

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¿Cómo se explica la desigualdad en Chile?

Principalmente, hay dos formas de reducir la desigualdad. Una es regular el mercado, como lo han hecho países de la Ocde como Corea, Suiza. Ellos pueden regular la expansión de los grandes supermercados para que las tiendas pequeñas puedan sobrevivir o proteger con fuerza a los pequeños agricultores. En ese sentido, desde los años 70, la economía de Chile se ha desregulado bastante. Por otro lado, la manera más importante de reducir las desigualdades es a través de la redistribución del sistema fiscal. El gasto social del PIB en Corea del Sur y Chile es como del 10% al 12%, mientras que el promedio de la Ocde es de 20% y en países europeos puede alcanzar el 30%. Necesitamos expandir el sistema de bienestar porque sin ese tipo de cosas no se puede reducir seriamente la desigualdad. Se puede empezar por regular, pero es mucho menos efectivo que tener un Estado de bienestar protocolario donde se pague un impuesto más alto para que todos obtengan servicios esenciales como salud, educación, pensiones, etc.

¿Cómo ve desde fuera los primeros seis meses de gobierno de Gabriel Boric?

Yo apoyé que saliera este gobierno. Conozco a varios de los que están ahí. Algunos fueron alumnos, otros amigos. Pero no ha podido lograr muchas cosas por dos razones. Primero, asumir el poder después de una gran pandemia, con un enorme déficit presupuestario y luego tener que lidiar con una crisis inflacionaria e inestabilidad mundial. Pero también no ha sido capaz de impulsar muchas cosas nuevas porque la sociedad está muy dividida, como lo están viendo en el proceso constitucional. Ese entorno ha dificultado mucho que el gobierno sea proactivo, especialmente antes de que se establezca la nueva Constitución. La gente como yo, un hombre con buenos deseos para el gobierno, está un poco decepcionada porque no parece haber logrado mucho. Pero teniendo en cuenta las difíciles circunstancias y la división política, creo que lo ha hecho bastante bien.

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En Chile se está discutiendo una reforma tributaria que crea un gravamen para la riqueza. ¿Cree que eso puede afectar a la salida de capitales?

Sí, probablemente. Creo que no solo el 0,1% más rico sacará dinero del país, sino también la élite inversora. Eso es triste. El problema de la salida de capitales es básicamente malo por el conflicto infinito de las distintas visiones del mundo. Mucha gente de la élite inversora cree que un nuevo marco será un desastre y que es necesario sacar el dinero afuera. Yo siempre les digo que miren a su alrededor, porque la evidencia es muy clara de que el modelo anterior no está funcionando y que probablemente deberían probar uno nuevo. Si en 10 años más consideran que el modelo no está funcionando, quizá puedan hacer otra Constitución.

¿Usted no cree que la gente que está invirtiendo afuera piensa que el modelo actual sí está funcionando?

Sí, obviamente, pero es una suerte de visión pasiva del mundo. Vuelvo al ejemplo de Corea del Sur. Samsung, uno de los líderes en teléfonos móviles y semiconductores, comenzó como una empresa que exportaba pescado y verduras a Japón. Estoy seguro de que hizo buen dinero. Pero solo porque dejaron el tema de los alimentos e invirtieron en electrónica que se convirtieron en una de las compañías más grandes del mundo. Es lo mismo para el capitalismo chileno. Puede que estés ganando mucho dinero exportando uvas, salmón, pero podrías estar ganando 10, 100 veces más si inviertes en las industrias de alta tecnología. Si de verdad están contentos con lo actual, deberían hablar con el gobierno y decir ‘queremos entrar en nuevas industrias y ganar mucho más dinero, pero necesitamos este tipo de ayuda y este tipo de acuerdos de su parte’. Que traten de avanzar en vez de decir que está bien el modelo. ¿Por qué tienen tanta falta de ambición? De verdad que no lo entiendo. El país ya ha demostrado que puede hacer las cosas muy bien.

¿Por qué cree que el peso chileno es una de las monedas más devaluadas del mundo en las últimas semanas?

Quién sabe en qué estará pensando la gente que especula con las divisas o los inversionistas chilenos que están sacando el dinero. Al menos en el corto y mediano plazo se trata de expectativas más que de realidad. Porque no es que Chile haya tenido el peor desempeño económico del mundo en los últimos seis meses. Así que esto es un problema político más que económico. Pero después de un tiempo se convierte en una especie de profecía autocumplida porque muchas personas sacan el dinero cuando la moneda se devalúa. Entonces la gente que todavía tiene el dinero en Chile piensa ‘Dios mío, algo puede salir mal, mejor saco el dinero’. Lo esperable es que los chilenos logren conciliar esta situación y crear ese nuevo acuerdo social porque la fuga de capitales es más que expectativas que realidad.

La reforma tributaria pretende recaudar 4 puntos del PIB en cuatro años en un periodo en el que la economía no crecerá más de dos puntos. ¿Le parece factible?

Cuando se trata de impuestos, lo más importante no es cuánto recaudas sino cómo lo usas. Nuestros impuestos son nuestras escuelas, clínicas, puertos, fondos de investigación. Entonces si recaudas el 2% del PIB, por ejemplo, el debate debería ser ¿qué vamos a hacer con eso? Porque puedes recaudar otros impuestos y gastarlos en proyectos estúpidos. O puedes recaudar menos y usarlo bien. Si quieren presionar al gobierno, deben hacerlo: ‘Ahora que has recaudado este dinero extra, ¿lo van a invertir en investigación y desarrollo?, ¿en un nuevo sistema de transporte en ciertas áreas?, ¿becas, doctorados en el extranjero en ciencias e ingeniería?’. Tienen que hacer esas preguntas en lugar de decir que el 2% es demasiado o muy poco. En la medida en que los lo utilicen con fines productivos deberían verse como una inversión más que como un gasto.

Uno de sus exalumnos, el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, José Miguel Ahumada, propone una consulta ciudadana para “legitimar” los tratados de libre comercio (TLC) firmados por Chile. ¿Cómo se lee eso desde afuera?

No creo que haya nada en este mundo que no pueda ser reescrito. Uno firma los esos TLC cuando te cuadran, pero luego puedes reconsiderarlos. Algunos creen que, una vez que se firman, nunca deberían cambiar. Los tratan como un matrimonio católico que nunca se puede disolver. Muchos países lo han hecho. Solo hace unos años Donald Trump se convirtió en presidente y torció los brazos de países como Corea del Sur y Canadá para reescribir los TLC de una manera más ventajosa para EE UU. ¿Por qué no podemos examinar los acuerdos, reescribir unos o eliminar otros si son malos para el país? La gente tiene que darse cuenta que estos TLC básicamente congelan el statu quo. Para algunos países que tienen acuerdos con EE.UU. será muy difícil desarrollar industrias en las que los estadounidenses son fuertes. Por eso, generalmente, utilizan el proteccionismo comercial, aranceles altos o incluso prohibiciones a las importaciones.

¿Cree que es una buena idea hacerlo ahora, en el clima político que vive Chile?

Siempre que empiezas estas cosas va a haber polémica. Te van a decir que no es un buen momento, que por qué ahora. Probablemente no haya que empezar antes del plebiscito, pero después de eso, ¿por qué no?

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Last Updated: 08/27/2022

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